Trump sube a Estados Unidos a un toro mecánico

Trump sube a Estados Unidos a un toro mecánico

El presidente llega al ecuador de su mandato a golpe de polémica. La renuncia del jefe del Pentágono, las retiradas militares y el riesgo del cierre del Gobierno sacuden Washington

Donald Trump se aproxima al ecuador de su mandato más envalentonado que nunca, desoyendo a sus generales y asesores en materia militar y sumiendo a las potencias aliadas en un escenario de total incertidumbre. La retirada de las tropas de Siria ha colmado la paciencia del jefe del Pentágono, Jim Mattis, que el jueves anunció su dimisión por las discrepancias con el mandatario. Su adiós agrava la cascada de bajas que la Administración ha sufrido en los últimos meses. Mientras, el pulso de Trump por la construcción de un muro fronterizo con México ha situado al Gobierno a un paso del cierre parcial.

Donald Trump, este viernes en la firma de la ley de reforma de prisiones aprobada en el Congreso esta semana. EVAN VUCCI AP

La del jueves fue una jornada wagneriana en Washington, de las más agitadas que se recuerdan en una Administración que ya lleva dos años subida a un toro mecánico. Trump comenzó la mañana con una llamarada de mensajes en Twitter, defendiendo su decisión de retirar las tropas de Siria contra lo recomendado por sus generales y sus aliados en la contienda. A base de mayúsculas y signos de admiración, entre insultos a los medios críticos, aseguró que la medida era buena para EE UU y mala para Rusia. No importaba que unas horas antes Vladímir Putin hubiera bendecido públicamente la decisión y que el jefe del Pentágono prepara su demoledora carta de dimisión.

Pasado el mediodía comunicó a los congresistas que no pensaba firmar el proyecto de ley de financiación aprobado en el Senado si no se consignaban los primeros 5.700 millones de dólares para la construcción del polémico muro en la frontera con México, lo que es rechazado por los demócratas y deja al Gobierno federal abocado a un cierre parcial por falta de fondos en víspera de Navidad.

Reino Unido y Francia pidieron a EE UU que recapacitara sobre Siria. Sin éxito.Al final de la tarde, Jim Mattis comunicó su renuncia con un sonoro portazo, con una carta que enmienda en su totalidad la política de Trump. En ella decía que el presidente tenía derecho a un secretario de Defensa “con puntos de vista más parecidos a los suyos”. Y los del general, recalcó, establecen que “EE UU sigue siendo una nación indispensable en el mundo libre, pero no podemos proteger nuestros intereses (…) sin mantener alianzas fuertes y mostrar respeto por esos aliados”.

La Bolsa, en medio de las dudas por la guerra comercial y la subida de tipos, bajó un 2% y se encamina a cerrar el peor diciembre desde los años treinta.

Ya por la noche, trascendió que Trump también planea recortar a la mitad el despliegue militar en Afganistán en unos meses.

Y en medio de todo el ruido, en una muestra del fervor por el espectáculo que caracteriza a este Gobierno, Trump publicó en Twitter un vídeo suyo de la gala de los premios de Emmy de 2005 en el que aparecía disfrazado de granjero junto a la actriz Megan Mullay, interpretando la canción Acres verdes. Así es cómo el presidente más poderoso del mundo anunciaba la inminente firma de una ley de Agricultura.

Trump se aproxima al ecuador de su mandato, en enero, borracho de trumpismo. El castigo electoral sufrido en las legislativas, en las que los republicanos han amarrado el Senado pero los demócratas han logrado en la Cámara baja la mayor victoria desde el Watergate, no han atemperado al magnate, cada vez más envalentonado pese a la ristra de bajas en la Casa Blanca, entre ceses forzados, dimisiones y renuncias sin motivos claros.

Al reciente despido del fiscal general Jeff Sessions, el adiós del general John Kelly como jefe de Gabinete o la marcha de la embajadora ante la ONU Nikki Haley se acaba de sumar la dimisión de Mattis, que deja el puesto en febrero. La controvertida decisión militar sobre Siria, desoyendo el criterio del Pentágono y los países aliados, había agotado su paciencia. También el demócrata Barack Obama quiso salir de Irak y Afganistán, pero los asesores en la materia le disuadieron. Trump no ha cedido esta vez en su giro aislacionista.

La decisión se tomó de un modo insólito, según el relato de Associated Press citando fuentes anónimas del Gobierno estadounidense. El 14 de diciembre, durante una conversación telefónica con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, Trump decidió saltarse el argumentario preparado por Mattis, por el jefe de la diplomacia, Mike Pompeo, y otros miembros de su equipo de seguridad y acordar allí mismo la retirada. Ankara busca la derrota de las milicias kurdas que controlan el norte de Siria y que en esta contienda son aliadas de EE UU.

‘Adultos en la sala’

Tanto los aliados como el jefe del Pentágono ven prematuro el repliegue, temen un brote yihadista y un avance de la influencia rusa e iraní en la zona. “¿Por qué seguís allí?”, le preguntó Erdogan al teléfono, señalando que los turcos podrían hacerse cargo de lo que queda del ISIS. Y el estadounidense colgó diciendo que se retirarían, pero sin detalles de cómo ni cuándo.
El episodio encaja con la atmósfera de improvisación y desorden que otros altos cargos han descrito en los últimos meses. El pasado septiembre, The New York Times publicó un artículo de uno de ellos sin revelar su nombre en el que hablaba de una suerte de “resistencia interna” dentro de la Administración de Trump que busca atemperar los impulsos del presidente y evitar males mayores a Estados Unidos. Definiendo al mandatario como un hombre superficial e ineficiente y defendiendo los valores de los republicanos de la vieja escuela, aseguraba: “Los americanos deben saber que hay adultos en la sala”.

Además de preguntarse quién era el autor de un escrito que sacudió Washington y enfureció a Trump, aquellos días se habló mucho de quiénes se podían considerar los “adultos” que trataban de mantener el trajín político dentro de lo convencional. Hoy la pregunta es cuántos de ellos quedan. El jefe de Gabinete, Kelly, cuya misión era poner orden en una Casa Blanca que echó andar en 2017 de forma caótica, acaba de renunciar en medio de rumores de su mala relación con Trump. Mattis se va en dos meses. En marzo ya lo hizo el también general H. B. McMaster, consejero de Seguridad Nacional, que fue sustituido por un halcón de la era Bush, John Bolton, más radical. En total, en casi dos años, el Gobierno de Trump sufrido cerca de 40 bajas relevantes, aunque pocas tiene la trascendencia de la del secretario de Defensa, por el momento elegido —en pleno conflicto sobre Siria— y por los motivos —una discrepancias radicales y públicas—.

Ahora, los países aliados de la primera potencia mundial aguardan a quién escoge Trump para dirigir el Pentágono, mientras los republicanos temen que este clima de incendio permanente les erosione en las urnas.

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