El exembajador del papa en Colombia que está en líos judiciales

El exembajador del papa en Colombia que está en líos judiciales

Monseñor Ettore Balestrero es investigado por el presunto lavado de 4 millones de dólares.

Sorpresa e indignación ha generado en Colombia el escándalo en el que se ha visto involucrado el obispo italiano Ettore Balestrero, quien se desempeñó como nuncio apostólico en Colombia durante cinco años, y quien el pasado mes de julio fue trasladado a la República Democrática del Congo por decisión del papa Francisco.

Los medios italianos que cubren la Santa Sede informaron el pasado fin de semana que está siendo investigado por la Fiscalía de Génova por supuestamente haber lavado 4 millones de dólares a favor de su hermano, Guido Balestrero y de su padre, Gerolamo, empresarios dedicado a las importaciones de carne.

Según el diario italiano ‘La Stampa’, Balestrero -de 52 años y pieza clave de la visita del papa Francisco a Colombia en septiembre del 2017- hizo una donación a su hermano –siendo nuncio en Bogotá- que según la Fiscalía de la ciudad italiana de Génova formaba parte de una gran operación de contrabando de carne.

Y, aunque falta esclarecer muchos detalles de esta investigación judicial, los expertos en los asuntos eclesiásticos y demás conocidos de Balestrero, en Italia y en Colombia, no salen de su asombro. No entienden cómo un obispo con una carrera tan brillante en el mundo diplomático vaticano y con relaciones de tan altísimo nivel terminó involucrado en un escándalo de semejantes dimensiones. Ni monseñor Balestrero ni la Conferencia Episcopal se han pronunciado.

Su sucesor, el obispo argentino Luis Mariano Montemayor, no ha llegado a Colombia todavía.

¿Quién es Ettore Balestrero?

Ettore Balestrero nació en la ciudad italiana de Génova. Mientras estudiaba Derecho en la universidad estatal de Italia ingresó al seminario y se ordenó sacerdote en septiembre de 1993, en la Diócesis de Roma. Más adelante obtuvo una licenciatura en Teología y un doctorado en Derecho canónico. Y en 1996 ingresó a la academia que prepara a los futuros diplomáticos de la Santa Sede.

Habla cinco idiomas, entre estos el español, que aprendió con su padre, quien trabajaba en una comercializadora de alimentos que tenía negocios con América Latina, según le contó a EL TIEMPO a su llegada a Colombia, en el 2013.

De hecho –contó entonces- el plan de su padre era que lo reemplazara en su cargo y por eso, al principio, no estuvo muy de acuerdo en sus planes de convertirse en sacerdote.

Antes de llegar a Colombia, era considerado por los medios romanos la mano derecha de uno de los hombres más poderosos del Vaticano en los últimos años: el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de la Santa Sede durante el pontificado del papa Benedicto XVI.

Su cargo: subsecretario de la sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado del Vaticano, considerado uno de los roles más importantes de la curia romana y posición que lo convertía, según los expertos, en el número dos de Bertone. A esa dignidad llegó muy joven: a sus 37 años.

Los medios vaticanos especializados reaccionaron con asombro cuando lo enviaron a Colombia, pues Balestrero estaba en uno de los mejores momentos de su carrera, en un puesto de gran relevancia.

Pero él –le dijo a EL TIEMPO- nunca se sintió venido a menos por su designación a Colombia. Con la misma actitud y obediencia de todo sacerdote aceptó su reciente traslado a la República Democrática del Congo, donde lo sorprendió este escándalo.

“El 6 de julio de 2018 la Santa Sede hace pública una nota en la que se comunica el traslado de Balestrero a la nunciatura apostólica en Kinshasa ‘para la tramitación de algunas labores’, sin dar explicación alguna de este cambio, que equivale a todas luces a un descenso, casi un castigo. Ni siquiera se indica si va a ser nombrado o no nuncio apostólico. ¿Qué podía haber pasado?”, destaca el medio italiano Infovaticana.

Y cuestiona si su traslado a África podría tener alguna relación con la reciente noticia de la investigación abierta por la Fiscalía de Génova contra él por supuesto blanqueo de dinero.

Durante los cinco años en los que permaneció en Colombia, Balestrero se destacó por su carisma y por su compromiso con la Iglesia Católica colombiana y por su cercanía con la gente. De hecho, visitó las regiones más apartadas del país y acompañaba misiones con víctimas del conflicto armado y con poblaciones vulnerables.

También solía visitar los comedores que atienden a habitantes de calle y a trabajadoras sexuales del barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá. También era muy cercano al Gobierno nacional y a diferentes esferas sociales y de poder.

“En esos viajes por las regiones más apartadas me sorprendió ver a un país que tiene muchos problemas, pero también, esperanzas. Hay mucha pobreza, pero mucha recursividad y mucha fe”, le dijo Balestrero a este diario cuando estaba dejando su cargo. En ese entonces, resaltó el papel de las mujeres:

“Ellas son fundamentales en este país; son las que sacan adelante a sus familias, las que trabajan, las que educan a los hijos. Colombia tiene que agradecerles mucho a sus mujeres”, añadió el italiano, quien tuvo un rol clave en la visita del papa Francisco a Colombia en septiembre del año pasado, pues participó en todas sus etapas y lo acompañó en su recorrido.

Y culminó, al despedirse de nuestro país: “Me siento bastante nostálgico de dejar Colombia. Es un país al que quiero mucho y donde he conocido a gente muy valiosa. Pero me siento en paz porque esta nueva misión me la pidió el santo padre y debo acoger su voluntad, que es la voluntad de Dios”.

EL TIEMPO

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